5 A 1

La ofensiva restauradora

elcambio.uy

marzo 30, 2016 3:36 am   l   1 Comentario

Al comienzo de la década del dos mil, cuando la recesión y la crisis, el desempleo, la caída de los salarios, la destrucción de los aparatos productivos, el empuje privatizador y la desesperanza acumulada campeaban por el cono sur americano, empezó un proceso de cambio económico, social y político, progresista o de izquierda según los casos, que ubicó a la región, desde el sur a Centroamérica, como una alternativa de cambio en el mundo. Se miraba con mucha atención a la Venezuela de Chávez, al Brasil de Lula, al empuje indígena del gobierno de Evo Morales, despertaba la polémica la Argentina de Kirchner, el gobierno chileno alentaba el concepto “progresista”, Rafael Correa cambiaba la visión de la política en Ecuador, los gobiernos de Tabaré y Pepe presentaban otro Uruguay posible en el mundo.
Sudamérica se había transformado en una alternativa digna de estudio. Mientras tanto, a caballo de la crisis de la “burbuja financiera”, la socialdemocracia europea se desdibujaba rápidamente y Europa comenzaba a virar hacia la derecha. Al punto que aproximadamente el 30% del viejo continente vota a los neonazis en la actualidad. Todavía no lograron superar la crisis, a lo que se suma los problemas de la migración y empujan a la derecha.
Quedaba, hasta hace muy poco, la alternativa sudamericana. Ahora empieza a resquebrajarse. La derecha pasó años de incertidumbre y derrota de las estrategias simplistas de restauración. Opusieron política a gestión, tomaron los logros de la izquierda y dijeron que ellos lo hubieran hecho mejor, se sintieron los dueños de la región y subestimaron las fuerzas que se habían despertado. Perdieron y volvieron a perder en Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Uruguay. Alternaron en Chile y tuvieron pesadillas en Paraguay. Estas últimas, las de Paraguay, se las sacaron de arriba, recurriendo al sistema de justicia en lugar de la política. Judicializaron la política y les dio resultado.
Entonces aprendieron.
Es el camino que están siguiendo contra un gobierno y uno de los presidentes que alcanzó mayor prestigio en la región. Contra el gobierno del PT y contra Lula Da Silva.
Aprendieron: aprovechan las dificultades económicas y sociales, pero no oponen su programa restaurador al programa de la izquierda, sino que embisten contra la falta de transparencia, lo que llaman las violaciones a la democracia y a la justicia, el irrespeto a los Derechos Humanos, con razón o sin razón tratan de hacer pasar a los principales representantes políticos de la izquierda por los tribunales penales y esas imágenes luego invaden las redes sociales y se transforman en el sustento del desprestigio político, principal recurso en las campañas electorales.
Se está ante una verdadera ofensiva restauradora que trata de nuclear todo atrás de la oposición. Hasta a la ultraizquierda tratan de alinear, y lo peor es que, a veces, lo logran, dejando en claro cuál es el verdadero carácter de esos supuestos izquierdistas.
Lo que no dicen es cuál es su verdadero programa económico y social. Dejan correr y creer que se van a mantener los beneficios que los más humildes lograron, así como los que permitieron a grandes sectores transformarse en clase media acomodada. Hacen creer que lo que van a cambiar son los impuestos que le quitan a los que más necesitan y, por lo tanto, les va a ir mejor. Después asoma la realidad y cae la noche, como en Argentina que, a un mes de haber empezado a gobernar, los salarios bajaron más del 30%, el desempleo se transformó en un problema de marca mayor, empezaron a caer programas sociales y culturales. O como en Venezuela que, al poco tiempo de asumir los legisladores de la oposición, presentaron un proyecto de ley en el que retoman las posiciones programáticas de la derecha neoliberal: política cambiaria que proteja a las transnacionales y restauración privatizadora de los sectores estratégicos del Estado. No se establece ninguna medida de apoyo a las verdaderas empresas productivas nacionales, y en cuanto a los mecanismos de fijación de precios establecidos, elimina la autorización de la Superintendencia para la defensa de los derechos socioeconómicos.
En síntesis, y a cuenta de mayor cantidad, se puede afirmar que el conjunto del proyecto de ley busca expropiar la riqueza que, en el período chavista, fue devuelta al pueblo.
Dentro de poco se podrá ver qué dicen en Argentina y Venezuela de sus respectivos resultados electorales.
Lo que está claro es que la ofensiva es cada vez más grande: apuesta a la despolitización, abre lugar a los outsider de la política, oportunistas de la derecha que tratan de ganar un lugar y, a veces, hasta chocan con los viejos representantes conservadores del sistema político tradicional; hacen política a través de las denuncias, verdadera o falsas, en el sistema judicial, en una verdadera judicialización de la política; olvidan la historia y tratan de actuar desde la inmediatez del día a día, aunque los sumerja en la mayor de las contradicciones que, apuestan, no se va a percibir.
Esta forma de actuar es regional y tiene expresión en Uruguay, pero en todos lados, siempre, necesita una estrecha relación con los principales medios de prensa que, a menudo, llegan a cumplir el papel de los partidos políticos de la oposición. Estos se han desprestigiado y no siempre son el mejor instrumento para la embestida. En las manifestaciones opositoras en Brasil —sin desmedro de que, a pesar que nuestros medios de prensa lo oculten sistemáticamente, son mucho mayores las manifestaciones a favor del gobierno— varios representantes de la oposición son repudiados cuando se hacen presentes.
Desde acá a las elecciones solo se puede esperar el aumento de estas acciones. Seguramente ya tengan un plan y se va a ir incrementando paulatinamente. Apuestan a la despolitización: la izquierda tiene que apostar a los militantes y a los sectores más politizados de la sociedad. Apuestan a la desorganización y a la espontaneidad: la izquierda tiene que apostar a la organización y la movilización. Apuestan a la división: la izquierda tiene que apostar a la unidad.
Y no solo por razones electorales, sino para mantener los principales atributos que la han caracterizado: conciencia, organización, movilización y unidad en la diversidad.
Hoy, más que nunca, hay que recuperarlos y consolidarlos.


1 comentario

  • German dice:

    Amplia coincidencia.Tambien es cierto que muchos gobernantes de izquierda o progresistas no han democratizado los medios de comunicacion que siguen en manos de la derecha en su mayoria

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *