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El electoralismo: la enfermedad infantil de la democracia representativa

Al frente que hay lugar

mayo 4, 2017 4:53 pm   l   1 Comentario

El día que comienzo a escribir estas líneas acaba de salir una encuesta con los porcentajes de preferencias para una nómina de posibles candidatos. No importa demasiado qué día es, porque una jornada sí y otra también aparece en los medios, como si fuera el horóscopo, algún “estudio de opinión” entreverado con las perpetuas notas acerca de la próximas nada próximas elecciones.

Andrés Berterreche

También los temas electorales ocupan alguna parte de las distendidas charlas que se dan a partir de los encuentros estivales, producto de un mes en que buena parte del país está en receso. Y siento la mirada incrédula cuando a mi analista electoral de turno le afirmo con convicción que a tres años de un acto electoral, y después de haber pasado tres años con campañas, me importan bastante poco esas elucubraciones, a diferencia del qué hacer, qué estrategias de corto plazo y qué profundizaciones se deben hacer en cuanto a políticas públicas de marcado posicionamiento de izquierda.
Creo que es el momento de bajar la pelota al piso e intercambiar sobre las cinco o seis medidas que corresponde llevar adelante en estos próximos tres años. Y cómo nos desarrollamos, organizamos e insertamos como parte de una militancia que pretende cambiar una sociedad que consideramos injusta.
Son muchas las trampas que se nos ponen en el camino. No hay nada de inocente en el sistema. Las desviaciones burocráticas que fomentan las actitudes “carguistas” son parte de ellas. Los globos sonda explorando nuestras propias vanidades son permanentes. Y esto de estar discutiendo posicionamientos electorales a esta altura del partido es parte del Caballo de Troya que el sistema que pretendemos combatir nos ha metido dentro de nuestra propia plaza fuerte.
No es casual que en la titulación haya utilizado la histórica obra de Lenin, “El izquierdismo, la enfermedad infantil del comunismo”. Y es correcto, para cambiar la sociedad hay que tomar las opciones que son posibles. Pero lo que no hay que confundir es qué es lo que verdaderamente queremos hacer con esas herramientas. ¿Jugar a ser una versión edulcorada de nuestros adversarios? Seguro que no.
Desde el Gobierno se pueden cambiar muchas cosas. De hecho lo venimos haciendo desde el 2005, y desde estas páginas hemos tratado de demostrar los efectos positivos que han tenido esos cambios en la sociedad nacional. Pero también debería estar meridianamente claro que el Gobierno nunca puede ser un fin en sí mismo sino una poderosa herramienta para esos cambios. Sobre todo cuando el poder está en varios estamentos de esta sociedad, y más allá de las estructuras del Estado, se concentra en sectores económicos hegemónicos de la misma.
Si queremos cambiar una realidad que no nos gusta trabajemos desde el hoy para lograrlo y no solo esperando que cada cinco años logremos una victoria electoral, casi que como una victoria deportiva. Y ojo, esta no es la visión infantil a la que se refería Vladimir Ilich Ulianov, no. Es una apuesta a darle sus justos términos y sus momentos a cada una de las herramientas que tenemos a mano.
Deberemos honrar aquello de que, lo que verdaderamente importa, no son los hombres sino las causas. Pero en serio. De verdad, no para las tribunas.
Porque en la concepción militante no hay, no puede haber, ninguna otra “justa aspiración” personal que la de conseguir una patria cada vez más justa, más libre, más inclusiva, es decir, en definitiva, una patria para todos.


1 comentario

  • Anibal Rondeau dice:

    Además de tener claro el rumbo, el camino, necesitamos un “faro piloto” para poner luz en los obstáculos y removerlos… ahí es el momento en que “los ojos y oídos” de la gente en territorio importan mucho.

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